Mi Taza de Chocolate
Por Marta Alves
¿Cómo comparto mi fe? Como una taza de chocolate.
¿Cómo comparto mi fe? Como una taza de chocolate en un día frío, me sirvo una
taza de chocolate y le añado un poco de vainilla y un poquito de canela- mmm! –
Huele delicioso. Le pongo un poco de merengue encima, y con la taza en la mano
me siento en mi sillón y tomo un pequeño trago. Me inclino hacia la persona que
está enfrente y con una sonrisa en mis labios, y le pregunto: ¿Quieres probar mi
taza de chocolate? Así yo comparto
mi fe.
Mi fe católica es como una deliciosa taza de chocolate en una mañana fría, como
una frazada que me abriga en el invierno, como música sutil que abraza mi alma y
me lleva por senderos de paz. Mi fe
católica es mi hogar.
Cuando compartimos la fe como catequistas, necesitamos hacerlo con entusiasmo al
compartir la mejor historia que la humanidad ha escuchado: Jesucristo.
Yo comparto mi fe católica como me gustaría compartir mi taza de chocolate.
¿Pero, cómo podemos hacerlo? Con
amistad y hospitalidad.
Dejemos que los demás nos digan sus historias y entonces les decimos la nuestra.
Antes de hablarles acerca de mi taza de chocolate, necesito ser amigable. Una
actitud amigable y una mirada risueña atrae a la gente a Cristo, y nuestra
hospitalidad los invitará a compartir con las personas y familias en nuestra
parroquia.
Extendiendo la mano cristiana de amistad
Primero
Mostremos interés en otras personas. Extendiéndoles nuestra mano amiga como
Cristo hubiera hecho.
Segundo
Presentémonos y recordemos que el nombre de una persona es la palabra más
importante en su vocabulario.
Tercero
Escuchemos con mucho cuidado. Oigamos sus historias. ¿Cuáles son sus intereses?
Todos tenemos una historia que contar, y podemos comprendernos mejor cuando
sabemos la historia de la persona. ¿Qué los trajo aquí? ¿Cuál es “su taza de
chocolate”?
Cuarto
Busquemos áreas de interés común y seamos sinceros al hacerlo.
Hablemos en términos que ellos puedan entender.
A un cocinero hablémosle de recetas e ingredientes.
A un profesor – de estudiantes y pizarras
A un músico – de notas y canciones
A un fotógrafo – de fotos que puede tomar en esta área
A un naturalista – de los pájaros y de los diferente animales en nuestra área
Quinto
Cuando las barreras bajen, comienza a hablarles de tu “taza de chocolate.”
Lo más probable es que te demostrarán
tanto interés como tú les has expresado. Haciendo
lo que ellos han hecho, tú empiezas a compartir el amor de tu taza de chocolate.
Esa es tu historia.
Déjame hablarte de mi “Taza de
Chocolate”
Mi taza de chocolate es la fe católica. La fe y el amor hacen my buena
combinación. Me da esperanza en los momentos duros de la vida. Mi fe católica me
da la esperanza de un mañana mejor con el amor de Cristo. Jesús es el que eleva
mi espíritu a grandes alturas. Él
es mi amor, mi alegría y en Él yo deposito mi confianza total.
La verdadera presencia de Jesús en la eucaristía es lo mejor de la fe católica.
Voy a la Mesa del Señor a compartir su cuerpo y su sangre, y al mismo tiempo
comparto alrededor de la mesa con otros al promulgar el amor cristiano con
hospitalidad.
El poder recibir a Jesús en la
eucaristía es la mayor bendición que podemos tener, al compartir con la
comunidad en la iglesia católica, uniéndonos en oración cuando el pan y el vino
se transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo, al sentir el amor de Cristo;
al ir a recibir los sacramentos, al llevar a nuestros hijos y nietos a recibir
el bautismo, al ir a confesarnos, al atender una boda, al ir a una ordenación o
a una confirmación, al recibir o estar presente en la unción de un enfermo. ¡Qué
gran regalo tenemos en la eucaristía!
Jesús sabía cómo atraer a la gente. Él es Dios, y nosotros no lo somos, pero
podemos proclamar nuestra fe al compartir nuestra “taza de chocolate” alrededor
de la mesa de hospitalidad.
Somos familia, en el núcleo en que nacimos y en la iglesia católica en donde nos
criamos. Nuestra identidad de familia y religión van mano en mano. Tenemos mucho
que ofrecer.
En la manera en que invitamos a compartir nuestra fe, en la manera en que nos
convertimos en misioneros, es invitando a otros a compartir con nosotros.
Compartiendo con otros – El Arte de La Hospitalidad
“Nosotros somos invitados de la hospitalidad de Dios,”
dice
John Navone, S.J. en su artículo, “Divine
and Human Hospitality” en “The Bible
Today” (July-August 2007).
En ese artículo, el autor explica como “la costumbre de la hospitalidad era una
mundial y muy respetada virtud en la antigüedad.”
Navone también nos dice como Jesús era
el anfitrión en diferentes ocasiones. “Cambio agua en vino para que el festejo
de una boda continuara (Juan 2:1-10). Dos veces milagrosamente alimentó miles de
personas (Mateo 14:15-21, 15:32-38), y Él nos enseña que Él mismo es el pan de
vida, el verdadero maná enviado del cielo (Juan 6:30-51). Después de su
resurrección, le sirve pan a su discípulos en Emmaus (Lucas 24:30) y prepara
desayuno con pan y pescado para Pedro y los otros discípulos (Juan 21:9-14).
Cuando pienso que Abraham dio la bienvenida a tres visitantes y ellos eran
realmente tres ángeles que le dijeron que Sara tendría un hijo en un año. Nunca
sabemos a quién le damos la bienvenida, cuando somos hospitalarios a un extraño.
¡Cómo podemos ser hospitalarios a la gente en que nos rodea?
… en misa los domingos? ¿Cuántas
personas conocemos por nombre en misa los domingos?
La hospitalidad y la amistad comienzan en nuestros hogares. Antes de
compartir nuestra taza de chocolate necesitamos llegar a conocernos. Que no haya
un extraño entre nosotros. Cuando vamos a la iglesia, lleguemos a conocer a las
personas que nos rodean a un nivel personal. El comenzar con “hola” es un buen
comienzo, pero necesitamos hacer más. En una ciudad tan grande como Houston, que
se conozca nuestra parroquia como la más amigable. Cada domingo después de misa,
saludemos y hablemos con alguien que nos es desconocido. Invitemos a esa
persona a compartir nuestra “taza de chocolate” al ofrecerle nuestra amistad.
Compartamos un bocado. De separación a amistad la distancia son unas pocas
palabras.
Extendiendo la mano en Oración
¿Cuándo fue la última vez que rezaste el Padre Nuestro con un miembro de tu
familia o con una amistad? Toma solamente un minuto.
¿Cuándo fue la última vez que rezaste espontáneamente con alguien que estaba
sufriendo? Toma solamente dos minutos.
¿Cuándo fue la última vez que compartiste tu fe católica con tu familia, con tus
amistades, o con tu clase de
religión? Solamente toma 20 minutos.
¿Cuándo fue la última vez que rezaste un rosario con tu familia, con tus
amistades o con tu clase de religión?
¿Cuándo fue la última vez que invitaste a alguien a ir a misa contigo? Dura
solamente una hora.
¿Qué contiene mi “Taza de Chocolate?
Mi “taza de chocolate” es el ir a misa y recibir la eucaristía, el leer y el
estudiar las sagradas escrituras de la biblia, el rezar el santo rosario, el
adorar al santísimo sacramento, el cantar y componer canciones de oración y
alabanza a Dios, el rezar las oraciones de la Divina Misericordia, el ponerme
alrededor de mi cuello el santo crucifijo como señal de mi fe, el compartir mi
fe católica junto con mis familiares y amistades.
Yo soy miembro de la iglesia católica pero la iglesia católica es parte de lo
que yo soy. Todo lo que soy lo contiene mi “taza de chocolate”, y yo
entusiásticamente quiero compartirla con todo el mundo.
Después que yo me vaya, la iglesia católica vivirá por la gracia de Dios, y
continuará proclamando el mensaje de Cristo, como el Papa Benedicto XVI nos dijo
en su audiencia de marzo 26, 2006:
“Con su misión apostólica la iglesia, una comunidad reunida por el Hijo de Dios
quien vino en la carne, vivirá a través de los años por venir, construyendo y
alimentando la comunión en Cristo y en el Espíritu Santo a la cual todos somos
llamados y en la cual ellos tienen la experiencia de la salvación dada por el
Padre.”
La alegría más grande de ser católico es el sentir la esperanza de Cristo que es
proclamada por la iglesia católica todos los días.
Somos un instrumento de la paz de Dios en el mundo. Nuestra misión es el
proclamar a todos que quieran oír el mensaje cristiano de esperanza y paz.
Necesitamos compartir “nuestra taza de chocolate” con todos los que nos
quieran escuchar. Creo que el mejor testimonio de nuestra fe es nuestra vida.
Como decía San Francisco: “Enseña el evangelio y si es necesario usa palabras.”
Solamente le pido al Señor que me haga un instrumento de su paz, como la oración
de San Francisco dice:
Señor, Hazme un instrumento de tu paz.
Que donde haya odio que pueda sembrar amor.
Que donde haya daño… perdón.
Que donde haya duda… fé
Que donde haya desesperación… esperanza
Que donde haya obscuridad… luz
Que donde haya tristeza… alegría,
O Maestro Divino,
Concédeme que no busque
El ser consolado… sino que consuele
El ser entendido… sino el entender
El ser amado… sino el amar a otros
Porque es en dar… que recibimos
Es en perdonar, que somos perdonados.
Es en morir… que nacimos a la vida eterna.
Presentation done in Spanish by Marta More Alves on August 21, 2010 at Queen of
Peace, Houston, TX - Catechist Day
©2007 Marta Alves
Last update Saturday, October 16, 2010
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Marta
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