ABUELITA - Grandmother
Cuando los años pasen
Y en el invierno de mi vida,
Mi pelo se torne blanco,
Mi mente comience a marchitarse
Y se me olvide rezar….
Por favor, junta
mis manos y ayúdame a rezar.
Cuando cansada,
Saturada de medicinas
Y con el corazón
débil
Se me olvide rezar:
Por favor, cariño
Junta mis manos y ayúdame a rezar.
Cuando con paso agobiado
Por el peso del tiempo,
A penas pueda caminar,
Y se me olvide rezar…
Por favor, mi amor,
Junta mis manos y ayúdame a rezar.
Si actúo loca… no me resientas.
Mi mente está cansada
Y aunque mi alma es la misma…
Este cuerpo viejo no puede responder.
Respétame por lo que fui…
No te mofes de mí.
Este cuerpo viejo mío es un envase
Que lentamente se quiebra y rompe.
Dame amor y entiéndeme…
En esta etapa final de mi vida
Más que nada, ayúdame a rezar.
Si no estás aquí para hacerlo… Reza por mí!
Recuérdame en mis últimos días en este mundo…
Y ayúdame a rezar!
Ó 1983 Marta
More Alves
La edad de oro es la edad de los cabellos blancos –
pintados o sin pintar.
Hay ciertas bendiciones y
promesas que Dios nos da en su Sagrada Palabra.
La
familia es un como un árbol, el tronco del cual son los ancianos de la familia.
Dios nos pide que cuidemos a nuestros padres. En las sociedades antiguas, los
ancianos y ancianas son los que poseen el conocimiento que ayudaba a los jovenes
a sobrevivir. La sabiduría es producto de muchos años de vida Cristiana. Sus
cuentos e historias crean las tradiciones que forman a la juventud.
Cuida a tus padres, como ellos te cuidaron en tu niñez. Recuerda el
cuarto mandamiento de la ley de Dios- Honrar padre y madre.
En Eclesiástico, capítulo 3, se habla del valor de honrar
a nuestros padres en su vejez Este
libro es parte de la Biblia Católica y de la Apócrifa protestante.
.
Eclesiástico (Sirach ) Capítulo 3:1-16
1
Hijos, escúchenme a mí, que soy su padre; hagan lo que les digo, y así se
salvarán.
2
Porque el Señor quiere que el padre sea respetado por sus hijos y confirmó el
derecho de la madre sobre ellos.
3 El
que honra a su padre expía sus pecados
4 y el
que respeta a su madre es como quien acumula un tesoro.
5 El
que honra a su padre encontrará alegría en sus hijos y cuando ore, será
escuchado.
6 El
que respeta a su padre tendrá larga vida y el que obedece al Señor da
tranquilidad a su madre.
7 El
que teme al Señor honra a su padre y sirve como a sus dueños a quienes le dieron
la vida.
8
Honra a tu padre con obras y de palabra, para que su bendición descienda sobre
ti,
9
porque la bendición de un padre afianza la cada de sus hijos, pero la maldición
de una madre arranca sus cimientos.
10 No
busques tu gloria a costa del deshonor de tu padre, porque su deshonor no es una
gloria para ti:
11 la
gloria de un hombre proviene del honor de su padre y una madre despreciada es un
oprobio para los hijos.
12
Hijo mío, socorre a tu padre en su vejez y no le causes tristeza mientras viva.
13
Aunque pierda su lucidez, sé indulgente con él; no lo desprecies, tú que estás
en pleno vigor.
14 La
ayuda prestada a un padre no caerá en el olvido y te servirá de reparación por
tus pecados.
15
Cuando estés en la aflicción, el Señor se acordará de ti, y se disolverán tus
pecados como la escarcha con el calor.
16 El que abandona a su padre es como un
blasfemo y el que irrita a su madre es maldecido por el Señor.
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